A mí, que titubeo gangueando
desde el olfato dulce que he perdido,
a mí, préstame oídos, Papá Legba.
Nutre mi verbo y llévalo en tus hombros

A mí, que titubeo gangueando
desde el olfato dulce que he perdido,
a mí, préstame oídos, Papá Legba.
Nutre mi verbo y llévalo en tus hombros
Tomado de: elmundo.es
En realidad, si el escritor quiere evitar la locura, no debería alejarse jamás de su escritorio, debería aferrarse a él con los dientes.
Franz Kafka